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sábado, 30 de abril de 2011

Acuerdo Marco de Comercio y TLC entre el Mercosur e Israel

Hace 10 días salió en el Boletin Oficial nacional de la República Argentina un Acuerdo Marco de Comercio y un TLC, ambos entre el Mercosur e Israel. Son 25 partes (más de 1.000 páginas)
que se pueden descargar de aquí:

http://www.megaupload.com/?d=W7FZ0V38

Actualmente estoy tratando de subirlos uno por uno a Wikimedia Commons para poder transcribirlos a Wikisource.

viernes, 8 de enero de 2010

En el nombre del Conservadurismo

¿Qué diferencia hay entre las prácticas abusivas que están llevando a cabo los dinosaurios discográficos, cinematográficos, editoriales y de software privativo y esto otro?¿Acaso no están persiguiendo y acusando a los consumidores y cobrándonos multas sin llevarnos a los Tribunales, donde habitualmente pierden, tratándonos de delincuentes, queriendo amordazarnos para que no puedan expresarse sin su expresa autorización, tal como fue el inicio del copyright? Que no se vea correr sangre no significa que no exista persecución. Realmente no noto ninguna diferencia, más allá de la sangre.

Parte 1.


Parte 2.


Parte 3.


Parte 4.


Parte 5.


Parte 6.


Parte 7.


Parte 8.


Parte 9.


Parte 10.

martes, 29 de diciembre de 2009

HADOPI en el BAFIM 2.008

Me acabo de topar con este artículo de Página/12 en el sitio de la Secretaría de Cultura de la Nación que menciona expresamente la metodología extorsiva que pretenden importar los dinosaurios discográficos.

“Sabemos que esto no es popular”
Página 12 / Cultura y Espectáculos /8 de Septiembre de 2008

La Voz de la Industria Discográfica en el BAFIM.

“Sabemos que esto no es popular”.

Jo Oliver, directora de Asuntos Jurídicos del organismo internacional que nuclea al sector, instó a incrementar el control sobre quienes ofrecen y bajan música por Internet. Al fondo de la sala, se alzó una bandera que rezaba: “Compartir es bueno”.

Por Facundo García

Iba a ser una tarde de reacciones inesperadas, aunque nada lo presagiara cuando Jo Oliver, la directora general de Asuntos Jurídicos de la industria discográfica a nivel mundial, comenzó a exponer los planes que hay para controlar a quienes ofrecen y se bajan música por Internet. La acompañaban los abogados Juan Luis Marturet, que es responsable de esa área en la región latinoamericana, y Pablo Máspero, representante de la Cámara Argentina de Productores de Fonogramas y Videogramas (Capif). Al fondo de la sala –pero eso recién se supo hacia el final del encuentro– una parte del público se preparaba para hacer oír la otra campana. Fue el sábado, durante una de las conferencias de la Feria de la Música de Buenos Aires (Bafim).

Oliver, responsable de todos los litigios globales de la Federación Internacional de Productores de Fonogramas (IFPI, por sus siglas en inglés), dejó entrever hacia dónde apuntan los gigantes del sector: “Creo que es un gran momento para hablar de la relación que tenemos con los proveedores de conectividad. Estamos pasando por una etapa especial en ese vínculo”, adelantó. Para ella, el camino que ha llevado a las corporaciones a financiar enormes campañas legales y publicitarias en contra de las descargas por la web en los últimos años ha sido positivo, y debe profundizarse. “Seamos honestos. Sabemos que todo esto no es popular.

Y no es que estemos en contra de las innovaciones. Sencillamente es una política necesaria, porque hay gente ganando plata a partir de la distribución de contenidos sobre los cuales no tiene derechos”, justificó. Con el auge de la banda ancha, la transmisión de archivos a través de la tecnología P2P (“entre pares”) se convirtió en el principal obstáculo económico para las mismas empresas que durante los noventa habían gozado de un mercado local donde colocaban CD a un precio no menor a los veinte dólares por unidad. En su embate lograron acorralar a Napster, Kazaa y otros polos de intercambio. Y eso fue sólo el inicio.

La joven expositora –que llegó al país invitada por la Dirección General de Comercio Exterior del gobierno de la ciudad y Capif, con el auspicio del British Council– dio su perspectiva sobre este proceso. “Luego vino una época de acciones legales contra usuarios particulares”, relató. El plan se llevó a cabo en más de veinte países, incluyendo a la Argentina. La idea fue –y es– perseguir judicialmente a unos pocos, de manera que el resto se atemorice. Se selecciona a los que más archivos ofrecen, se los criminaliza y se los amenaza con un juicio. En el Reino Unido, por ejemplo, se llevaron a cabo demandas contra unos cien uploaders, si bien se calcula que podrían ser seis millones.

Hoy se estima que el noventa y cinco por ciento de la música que se baja por internet es “ilegal”. Las firmas más poderosas juran que eso ha hecho que sus ganancias caigan casi un 30% desde 1999, cifra que por cierto no refleja la dinámica de circulación cultural que se ha desarrollado junto con esa crisis. Por eso las polémicas están a la vuelta de la esquina, y Oliver vaticinó que su postura puede endurecerse. “En el mundo se está tomando conciencia de que los servicios proveedores van a tener que tomar un rol más activo”, tiró. En el último año y medio –“a very exciting time”, en palabras de la panelista– el sistema global que se ha intentado imponer consiste en que los que brindan conexión de alta velocidad manden advertencias a los “rebeldes” y que, paralelamente, ofrezcan servicios de suscripción para acceder a los catálogos de las discográficas de forma “legal”. “Así se está comenzando a trabajar en el Reino Unido y en Bélgica”, comentó Oliver. Y enfatizó: “Otro paso definitivo lo dio Francia cuando el presidente Sarkozy afirmó que ‘la Web no podía ser el Lejano Oeste’, e inauguró un plan integral para bloquear a los que transgredan la ley de copyright”.

Se refería al acuerdo rubricado entre el gobierno francés, los sectores de la industria musical y cinematográfica y los proveedores de acceso a la red en noviembre pasado, mediante el cual se trata de que los proveedores revisen las descargas, envíen advertencias y eventualmente corten el servicio de los internautas “indeseables”. Más allá del entusiasmo que todo esto pueda haber despertado en Carla Bruni, la verdad es que Francia no representa un paradigma precisamente racional en lo que respecta a la propiedad intelectual. Según informaba Le Monde en su edición del 9 de abril de 2005, el director de cine Jean-Christophe Soulageon recibió una carta documento en la que se lo instaba a abonar mil euros porque en una de sus películas aparecía un actor silbando durante siete segundos una canción protegida: ¡La Internacional! Más cerca en el tiempo, la normativa impulsada por Sarkozy ha sido criticada por varias asociaciones de defensa al consumidor, que no han dudado en calificarla como “represiva” y “anticonstitucional”.

El venezolano Juan Luis Marturet está a cargo del conflicto a nivel latinoamericano. Para él “las personas nunca antes escucharon tanta música, y nunca estuvieron menos dispuestas a pagar por ella”. “Ya tenemos un par de generaciones de jóvenes que no han entrado a una tienda de discos. El año pasado se bajaron ilegalmente cuatro mil millones de archivos musicales de la región”, se quejó el letrado. Y después soltó apreciaciones más controversiales, como cuando consideró que “o la Internet sigue siendo ‘neutral’, como llaman con elegancia a esta selva, o vamos a poner dos o tres reglas y ver cómo respetamos los derechos de autor”. “Esa encrucijada –redondeó– sólo puede resolverse bajo el liderazgo del gobierno.”

Hasta ahí todo había transcurrido como en cualquier reunión de oficina. En la ronda de preguntas, empero, se alzó desde atrás una bandera con la leyenda “Compartir es bueno”. “Sí, compartir es bueno cuando compartís lo tuyo, si no es robar”, se alteró Pablo Máspero, el hombre de Capif. Entre los asientos ya circulaban volantes donde se leía que “no son los creadores los que reclaman por sus derechos, sino que son los intermediarios renuentes a aceptar que su modelo de negocios ha sido arrasado por los avances tecnológicos”. El clima se enrareció.

Tras algunas escaramuzas verbales contra un grupo de asistentes, la propia Oliver salió al cruce al afirmar que “hay coincidencia internacional en concretar estas medidas, porque se reconoce que los proveedores han estado ganando dinero mientras muchas compañías del entretenimiento perdían”. “Paralelamente –se extendió, sin perder la sonrisa–, hay un derecho fundamental que debe ser garantizado, que es el derecho a la propiedad.” La discusión siguió entre murmullos y una que otra “invitación a retirarse” que empezaban a soltar ciertos organizadores. Y qué chance mejor para seguir metiendo púa que un debate con los que fabrican discos.

La última frase del panel vino de Máspero, el destacado jurista que en febrero pasado aseguró a la revista Rolling Stone que, si quisiera, Capif podría llevar sus denuncias al plano penal, con una condena de entre seis meses y seis años de cárcel para los “infractores”.

En esta oportunidad no estuvo menos comunicativo:

“Si el debate es compartir, pongamos en debate la distribución de todos los medios de producción. Caso contrario, estamos siendo hipócritas”. Ante esa conclusión, digna del marxismo más ortodoxo, no habría sorprendido que el experto terminara él también interpretando “La Internacional”. No lo hizo, acaso por temor a que le cobraran una multa.

lunes, 9 de noviembre de 2009

Seminario: Repensar en Buenos Aires para la Ley de Copyright

A continuación copio una invitación distribución anoche por Ignacio Pedrini a través de la lista Solar-general para participar de un seminario acerca de la obsolescencia de la Ley de Copyright 11.723 de Argentina

Seminario: Repensar la Ley de Propiedad Intelectual > Buenos Aires

La Carrera de Ciencias de la Comunicación de la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA, el Colectivo La Tribu y la Fundación Vía Libre invitan al Seminario de trabajo sobre la Ley de Propiedad Intelectual (Nro 11723), sus impactos en el mundo académico, en el acceso a la cultura y en la educación.

Este encuentro que abordará los monopolios sobre la cultura y sus consecuencias concretas en la vida académica tendrá lugar el miércoles 11 de noviembre, desde las 20hs, en el Aula 411 de la Sede Parque Centenario (Franklin 54) de la Facultad de Ciencias Sociales. Participan Enrique Chaparro de Fundación Vía Libre, Alejandro Kauf mann, Director de la Carrera de Ciencias de la Comunicación, entre otros expertos invitados.

El procesamiento y posterior embargo contra el Profesor Horacio Potel por la causa penal iniciada por la Cámara Argentina del Libro, por haber publicado en Internet numerosos artículos, traducciones, bibliografía y resúmenes de la obra de Jacques Derrida y Martin Heidegger, el cierre de la biblioteca de apuntes de los estudiantes de Filosofía y Letras en internet, BiblioFyl, y el acuerdo firmado recientemente por la UBA con el Centro de Administración de Derechos Reprográficos (Cadra) nos enfrentan a uno de los temas más importantes y ciertamente menos atendidos de la vida académica hoy: el impacto y las consecuencias de leyes como la 11723 en el acceso a la cultura y la producción de conocimiento en nuestras casas de estudio.

En Argentina, los derechos de autor están contemplados por la Ley 11723, una norma impulsada en el año 1933 por Roberto Noble (de ahí que la ley también sea conocida como Ley Noble) y que sufrió regulares enmiendas, entre las que se incluye la incorporación de los programas de computadora al régimen de Propiedad Intelectual así como una última enmienda que contempla las excepciones para las bibliotecas de materiales para ciegos.

Esta norma se basa en los acuerdos internacionales y abreva en el Convenio de Berna, uno de los tratados administrados por la OMPI, la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual. Sin embargo, no contempla prácticamente ninguna de las excepciones y/o limitaciones que permitirían mayor acceso a materiales bajo derechos de autor. La ley argentina no tiene cláusulas de uso justo, las excepciones educativas son extremadamente limitadas y criminaliza gran parte de la tarea documental de bibliotecarios. Por otra parte, gran parte de las actividades que realizan cotidianamente los millones de usuarios argentinos de Internet se chocan con esta norma del siglo pasado cuya violación entra dentro del marco del delito penal.

El concepto esencial detrás de la ley es el monopolio por parte del autor y/o los derechohabientes sobre las diferentes obras culturales. La norma es el monopolio, no el acceso a la cultura y el conocimiento. Pensada como una forma de fomentar la publicación de obras, la lógica detrás de este tipo de regulaciones ha quedado obsoleta en los últimos años del siglo XX y se torna completamente dañina y represiva con los instrumentos y las tecnologías del Siglo XXI. Una ley pensada para fomentar la publicación en los tiempos de la imprenta fija límites y trabas a la meta declarada de fomentar la lectura y el acceso a cultura con los instrumentos de la digitalización.

Cuando nos enteramos que la biblioteca que los estudiantes de Filosofía y Letras habían construido para facilitarse entre ellos el acceso a materiales esenciales para sus carreras, es cerrada en nombre de la ley de fomento del libro y la lectura, nos encontramos claramente con un punto crítico que merece, como mínimo, abrir una discusión. Eso pretendemos en este seminario: poner en cuestión la utilidad de leyes del siglo pasado que, en la época en que la sociedad se ha dado medios y tecnologías versátiles para construir cultura de manera colaborativa, compartir conocimiento de manera prácticamente ilimitada y nutrir la posibilidad de acceder a cultura de modos jamás antes visto, estas actividades socialmente útiles se ven penalizadas y criminalizadas por la puesta en práctica de principios jurídicos que tienen como mínimo cien años y que no responden a los requ erimientos de su tiempo.

Así y todo, entendemos que la discusión debe apuntar a pensar modos de acceder a la cultura y promover la producción de obras, fomentar la construcción y difusión con herramientas nuevas que nos permitan acceder a más y mejores obras, producir más y mejores trabajos intelectuales y académicos, y en definitiva, darnos un cuerpo jurídico afin con las prácticas sociales de nuestro tiempo, bajo la consideración esencial de que compartir y difundir conocimiento y cultura jamás debería ser un delito penal.

Objetivo del Seminario:

  • instalar en la agenda académica la discusión sobre la ley de Propiedad Intelectual
  • conocer las consecuencias del actual régimen de PI sobre la vida académica y la construcción de conocimiento en las aulas de la Universidad Pública
  • intercambiar opiniones con actores relevantes del mundo académico y con activistas de la cultura libre
  • pensar propuestas constructivas para modificar el actual régimen de derechos de autor y construir legislaciones socialmente justas y viables.

Lugar: Facultad de Ciencias Sociales. Sede Parque Centenario. Aula 411 Fecha: Miércoles 11 de noviembre, desde las 20hs. Organizan: Fundación Vía Libre. Colectivo La Tribu. Carrera de Ciencias de la Comunicación. UBA.

viernes, 6 de noviembre de 2009

Tratado HADOPI Mundial de las industrias ANTICulturales

Execrables lacras organizacionales como son CAPIF, SADAIC, SCD, SGAE, PROMUSICAE, MPAA, RIAA, EGEDA, Argentores, Cámara Argentina del Libro, BSA y otras bostas, aún no están lo sufientemente contentos después de haber sacado una ley de medios totalmente a las apuradas, aumentado los costos de adquisición de tecnología digital, pretender identificarnos fehacientemente -como si algo así fuese posible de hacer con Internet- porque hay quienes usan los foros web para hacer spam de delitos contra la "protección de los menores y consumo o tráfico de estupefacientes" -no vaya a ser que todos seamos pedófilos, drogadictos, o narcotraficantes y nos vayamos a portar mal si no nos vigilan y por estar vigilados no vayamos a portar mejor, del Impresentable Guillermo Raúl Jenefes (página 3 del PDF), pretender cojernos con el Canon Digital, siendo que otro impresentable bochorno nacional, Daniel Filmus, tiene antecedentes de ser un Infame Traidor a la Patria, como para dejarse de rompernos las pelotas a los usuarios de Internet -que NO es lo mismo que la web, que eso les quede claro de entrada-, que ahora están preparando unos acuerdos internacionales que nos intentan colar de la mano de tránsfugas como Daniel Filmus, Guillermo Raúl Jenefes en una clara asociación ilícita en perjuicio de la Patria, ahora también pretenden encajarnos otro mamarracho más como es la mierda de la Ley HADOPI que las Industrias ANTICulturales lograron hacer sancionar en Francia y que pena con hasta 1 año de desconexión de Internet -por vía administrativa, nada de jueces herejes que se atrevan a desafiar el poder hegemónico de los Dueños de la Cultura-.

Afortunadamente, el Tribunal Constitucional de Francia tiene (-o al menos tenía-), mayoría de miembros que todavía usan eso llamado sustancia gris y que nos distingue de otros seres, o sea que son seres pensantes, algo que debe haber tomado por sorpresa a estos mercenarios que consideran que los demás sólo tenemos sustancia blanca en nuestras cabezas.

Para quien no se haya enterado de los anteriores movimientos de estas retrógradas organizaciones ultraconservadoras que deberían empezar a adaptarse a la actualidad o pensar lisa y llanamente en desaparecer, aquí está la primera noticia que se conoció de este retrogrado lobby en Argentina.

Quien no sepa lo que significaría la internacionlaización de normas aberrantes como la HADOPI, sólo tiene que leer un poco. Quien sepa francés podrá leer el texto completo del mamarracho que se pretende internacionalizar o su correspondiente sumario si está muy apurado.